¿No votar?, ¿anular el voto? A escasas semanas de las elecciones, organizaciones y figuras públicas que llaman a anular el voto han logrado que políticos, periodistas e intelectuales discutan el tema. Las voces más disímbolas lanzan alertas sobre los riesgos o la inutilidad del voto blanco: el Congreso igual quedará, los votos en blanco serán contabilizados como votos nulos y, por ende, ignorados.
El sistema político ignora el mensaje central de los ciudadanos que apoyan el voto blanco: son demasiado malos, incapaces, deshonestos... hasta antipáticos. Los políticos, atrevidos, se aventuran a dar clases de civismo desde su atalaya. También está presente el riesgo de que intereses particulares se monten en el voto blanco para promover su propia agenda.
Votar implica legitimar un sistema político con graves defectos y que no tiene la intención de transformarse, sino de prevalecer. Aquellos que estén conformes con el status quo votaran por la continuidad. Los más receptivos a la propuesta del voto blanco son el sector de la población que NO votaría por el PAN o el PRI, los dos partidos que, en los hechos, comparten el poder político en México. Aún así, la "oposición" está casi en las mismas condiciones que los partidos que detentan el poder. Ahí está el PRD que después del 2006 se dividió y, la fracción que se quedó con el control del partido apoyó la reforma energética propuesta por Felipe Calderón, el PAN y el PRI. Esto no evitó, sobra decirlo, que el partido de Jesús Ortega quedará marginado en los debates (donde Germán y Beatriz ni lo ven, ni lo escuchan) ni que lo golpearan electoralmente en Zacatecas y Michoacán. Los partidos pequeños, en su conjunto, han estado con uno y con otro en cada elección. Son organizaciones más ocupadas de su propia supervivencia que de promover una agenda política particular. O, al contrario, sirven de instrumento de presión para negociar prebendas a cambio de apoyar la agenda de los partidos mayores.
No votar implica dejar la decisión en manos de unos cuantos. Argumento contundente a primera vista, pero que se desbarata con un pequeño empujón. Son unos cuantos los que deciden, así ha pasado desde siempre. El voto ciudadano fue anulado en 1988 y en el 2006, votar no impidió Oaxaca o Atenco en el 2006, la reforma energética, o la Ley Televisa (aprobada por TODOS los diputados federales). Tampoco evitó, en meses recientes, legislaciones que limitan los derechos sexuales y reproductivos de la mujer en siete estados de la república y que han enviado a la cárcel a mujeres que han acudido al hospital por amenazas de aborto (parte de la agenda del partido oficial).
Los políticos que hoy gobiernan no son malos estudiantes que, de un día para otro decidirán cambiar. El voto nulo no será una dura lección que les haga reflexionar de lo malo que han sido. Hay información de sobra para que muchos de ellos hubiesen hecho mutis. Le propongo el siguiente ejercicio: Lea Los Demonios del Edén, de Lydia Cacho; subraye los nombres de todos los políticos que aparecen en el libro; ubique el puesto o posición que actualmente desempeñan… ahí siguen, no importa que su nombre aparezca en un libro sobre pornografía infantil y pederastia. Ahora, un best seller de las últimas semanas, Derecho de réplica, de Carlos Ahumada, lo mismo. Políticos en activo, funcionarios, expresidentes, periodistas… ahí siguen.
El voto blanco no es nuevo. En la izquierda y en la derecha (cuando no eran gobierno) se discutía ampliamente la (in)utilidad de votar y el riesgo de, votando, legitimar al sistema priista. Los zapatistas rechazan al Estado mexicano y han establecido su propio sistema, las autonomías. Los pueblos indígenas, particularmente en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, han establecido formas de organización que no encuentran su sustento en la democracia liberal, sino en estructuras tradicionales que le permiten negociar o confrontar a los tres niveles de gobierno y, sobre todo, gobernarse a sí mismos.
En Brasil tenemos otro ejemplo, el distanciamiento entre Lula da Silva y el movimiento que le apoyó en su campaña presidencial, los Sin Tierra (MST). En México, ¿cuántos movimientos sociales han apoyado a uno u otro candidato y han terminado relegados? En el 2006, el zapatismo no apoyó a ninguno de los candidatos presidenciales, a pesar de las presiones, la polémica, las críticas y las consecuencias que esta posición tuvo. Si el zapatismo hubiese apoyado a López Obrador, quizá el panorama político actual sería otro. Pero el triunfo de la izquierda partidaria no era una garantía de que la agenda zapatista fuera considerada y respetada. Ahí está la experiencia de la Ley sobre derechos y cultura indígena en el 2001, que mutila los Acuerdos de San Andrés, pero es presentada como el primer acuerdo por unanimidad tomado por los senadores (de todos los partidos). Si bien, el PRD y el zapatismo nunca han sido aliados, la izquierda partidaria no apoyó a un movimiento social, le dio la espalda. En Brasil tenemos otro ejemplo, el distanciamiento de Lula da Silva del movimiento que le apoyó en su campaña presidencial, los Sin Tierra (MST). En México, ¿cuántos movimientos sociales han apoyado a uno u otro candidato y han terminado relegados?
Sobra evidencia para poner en tela de juicio la existencia de una democracia real en nuestro país. Todo esto da sustento a la propuesta del voto nulo. Pero, tal como se propone, no votar es algo mínimo. Se sigue reduciendo la construcción de la democracia a lo electoral, base de la democracia liberal. Faltan caminos ni estrategias para que la ciudadanía haga valer sus intereses. ¿Cómo situar en la agenda pública los temas que nos interesan?, ¿qué se discutan de frente y de manera amplia?, ¿cómo lograr que se discutan?, ¿que se tomen decisiones que busquen el bien común, fin último de la democracia liberal?
Algo debe quedar claro para todos: a pesar de los sermones y la retórica moralista para convencernos de una cosa u otra, del drama para que aunque sea votemos por “el menos malo” (Woldenberg dixit), de las veladas amenazas del IFE para judicializar el voto nulo… el voto es libre y secreto.
Lo peor, votando o no, nuestros problemas están lejos de resolverse.